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martes, 6 de noviembre de 2012

Intolerancia y Polarización:Más preguntas que respuestas..

 

 

Polarización e intolerancia en Guatemala: Más preguntas que respuestas.

 
“Jesús es la respuesta”, declaraba Charlie Brown (personaje de historieta estadounidense) en una de sus famosas tiras cómicas publicadas en su momento. “¿Y cuál es la pregunta? Le cuestiona Snoopy (su perrito mascota) con un rostro inexpresivo, inmutable e inefable.
Esta fue la reflexión de la contraportada de la revista “Voces del Tiempo”, en su número cuarenta y dos (42) cuando en el año 2,002 fui invitado junto a otros jóvenes de distintas organizaciones para realizar un análisis conjunto sobre la realidad juvenil en Guatemala; las opiniones vertidas en ese momento fueron publicadas posteriormente en dicha revista.
Siempre me fascinó la reflexión a la que me refiero en el primer párrafo de este artículo, no solamente porque puede aplicarse en un sentido teológico, sino también por su aplicación en cada una de las esferas del ser humano:  en el campo de las ciencias sociales, po rejemplo, o en el tema de las ideologías que defendemos de manera ciega, sin siquiera cuestionar.
Desde un punto de vista teológico, una Fe determinada o una creencia religiosa NO es liberadora o auténtica como tal, por el simple hecho de ofrecer “respuestas” sino más bien, por generar “dudas” e “interrogantes” dentro de sus seguidores o fieles, para que ellos, libres desde su misma naturaleza, puedan construir las respuestas a sus inquietudes. Una vez respondidas  o bien las respuestas ofrecidas han sido pasadas por el filtro de su insatisfacción, las creencias serán abrazadas con más razón y se convertirán en convicciones, porque las mismas han pasado por el contraste de la duda y de la vida misma.
El hecho de que Snoopy le responda de una manera que no esperaba su dueño (Charly Brown) tiene un profundo sentido filosófico, ya que es una manera de entender y diferenciar el fanatismo a una Fe más racional, como atinadamente menciona el Psicólogo Humanista Erich Fromm en su libro “El arte de amar”. Fromm escribe en su obra, que la “Fe irracional” es aquella que cree en algo sin fundamentos ni cuestionamientos, la que realiza afirmaciones dogmáticas que ni siquiera se entienden, pero que un tercero indica que se debe seguir, proclamar y defender, muchas veces irrespetando las ideas diferentes o contrarias que surjan.
La verdadera fe, la “Fe racional”,  es una experiencia de convencimiento en algo, porque ese “algo respondió" de manera concreta y diferenciada, a las dudas o cuestionamientos previamente planteados por el ser humano:  no es, por tanto, cierto que la razón es contraria a la fe: creo en algo,  porque mi convicción está fundamenta y sostenida por la teoría y por la praxis,  mejor aún si esa práctica es reflejo de la coherencia de vida que experimento en mi realidad tanto interna como social.
Necesariamente tuve que hacer esta introducción para referirme de manera análoga a  lo que en ciencias sociales se conoce como “radicalización de las ideologías” y que en nuestro país, es evidente cada vez más la polarización de las mismas. Por supuesto, mi querido amigo y amiga, que no critico el derecho que cada quien tiene de posicionarse a juzgar la realidad, atendiendo a la corriente de pensamiento que asuma, o su derecho de disentir.
Lo que cuestiono, es que si hemos hecho un ejercicio interno de análisis, y preguntarme si necesariamente mis punto de vista, son tan radicalmente opuestos al del otro. O bien, pregono premisas o criterios que no fueron filtrados por mi derecho de cuestionar y averiguar las respuestas de tales afirmaciones. En ocasiones valoramos más la guía incuestionable del otro, en detrimento de mi capacidad de construir desde mi historia, mi pensamiento crítico.
Un ejemplo de lo anterior, lo podemos palpar cada día en los medios de comunicación impresos, en los distintos columnistas que expresan su punto de vista, y podemos inferir en tales personas, que subyace una corriente filosófica o de pensamiento, que defienden de manera racional algunos y que otros creen que es una verdad absoluta su visión y no admite prueba en contrario.
Ese antagonismo ha sido históricamente una de las mayores cadenas que impiden el desarrollo de la sociedad guatemalteca, cuando de una manera intolerante y rayando en el fanatismo, se abrazan ideas, ideologías, políticas, opiniones de autores extranjeros, realidades de países con contextos distintos al nuestro, etc.
La pasión con que los liberales extremistas critican desde su supuesto posicionamiento en la escala piramidal injustamente construida en base a relaciones de desigualdad e injusticia, puede ser la misma que tienen los que pregonan la ideología de  una izquierda que a su vez está dividida por la sed de poder de algunos de sus dirigentes y la ambigüedad de su discurso de otros, que se deteriora entre el olvido de sus fundamentos y la incoherencia de vida de quienes simpatizan con ésta. En ese sentido, los seguidores de Carlos Alberto Montaner, por ejemplo, jamás tendrán puntos de encuentro con los seguidores Castristas, por las realidades contrapuestas y antagónicas de pensamiento y visiones políticas, y porque no existe deseo de ceder un centímetro en ambos grupos y lo que pelean.
Lo mismo sucede en una visión en micro de nuestro país, que ha padecido siempre de una unidad nacional; de hecho, el divisionismo alcanza incluso a la academia guatemalteca. Por una parte, la supuesta ideología que tiene el estudiante promedio de la Universidad Francisco Marroquín, cuando realmente entiende lo que dice defender: postulados de Luís Pazos, Friedrich Von Hayek, Montaner, Ayau, entre otros  y la doctrina que pretende abrazar el estudiante de hoy de la Universidad de San Carlos: Marx, Hegel, Severo Martínez Peláez, el sentido de consciencia social, justicia, equidad, academia, pero que es incapaz de recordar lo que la historia y la sangre de muchos mártires universitarios intentaron plasmar con sus vidas.
Hoy, la discriminación, indiferencia y racismo, por un lado, y violencia,  intolerancia y mediocridad predominan en el discurso de unos y de otros. No generalizo, claro está, sólo es una percepción de lo que usualmente cada grupo defienden en sus discursos.
Respuestas… ¿Quién las tiene? Si fuese así, no necesitaríamos leyes, juzgados, Universidades, libros, foros, debates, entre otras fuentes. No hay verdades absolutas e inmutables: tales verdades no existen. Por eso, son sanos los cuestionamientos que permitan abrir caminos, diálogos constructivos, construir puentes, derribar muros de ego, de egoísmos, de visiones limitadas y sectoriales. Construir una visión de Nación requiere necesariamente aceptar las responsabilidades de nuestros actos.
Lo ecléctico, lo integrador, no es sinónimo de derrota, de vulnerabilidad; al contrario, puede ser un signo de madurez y de progreso, que permita cuestionar las ideologías que presumimos adoptar, y al igual que con la Fe, como Snoopy podamos cuestionar. ¿Cuál es la pregunta? y no digerir de forma arrebatada, irracional y visceral, pensamientos y doctrinas que no parten de la riqueza insustituible de mi propia reflexión.
La ideología impide ejercer la capacidad de conocer la verdad, obstruye la comprensión científica y dificulta vencer la ignorancia. La ideología es estrabismo intelectual y miopía de la inteligencia. Es prisma deformador de toda visión sobre lo real. Grandes males han causado las ideologías, desde que aparecieron hace tres siglos: la monarquía absolutista, el liberalismo y los socialismos (Sergio Tapia Tapia, Diario La Razón)

1 comentario:

  1. Todos los seres humanos somos "buscadores de verdad" y nuestra búsqueda radica en distintos lugares para encontrarla. Estoy de acuerdo con lo que escribe Manuel Carrera, S.J. quien asegura que la búsqueda del hombre lo realiza a partir de tres caminos complementarios:

    1. La Experiencia: la cual entra en forma directa por medio de los sentidos.
    2. La Aceptación de Conocimientos: los cuales recibimos de otras personas en un intercambio cultural (familia, escuela, sociedad).
    3. El Raciocinio: donde el ser humano analiza los datos recibidos y elige el que más se adapta o con el que más se identifica.

    Para que la persona pueda tomar Su verdad, debe tomar en cuenta que los extremos nunca pueden llegar a ser saludables. Ser demasiado radical con una idea puede llegar a generar idealizaciones y desvalorizaciones, las cuales se perciben a simple vista en nuestra sociedad. “Rechazo lo que no me gusta y acepto lo me agrada”. Se da paso entonces a las discriminaciones raciales, clases sociales (socioeconómicamente hablando) y de opinión. Las críticas ya se vuelven sinónimos de enemistad, en lugar de tomar lo constructivo de cada una de esas verdades.

    El problema se encuentra en la obstinación, debido a que cada persona defiende su idea como “verdad absoluta”; sin embargo, la flexibilidad puede ayudar a mejorar la comunicación, a promover la empatía entre seres humanos y por lo tanto sería más fácil ponerse de acuerdo en algunas “verdades”.

    Estoy de acuerdo contigo en que lo “integral” de cada opinión, de cada fundamento e ideología, es un signo de madurez y puede llevar al progreso de un país como el nuestro, lo que lograría en nosotros convertirnos en seres más acoplados, unidos y se incrementaría el sentido humano de cooperación.

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