“Jesús es la respuesta”,
declaraba Charlie Brown (personaje de historieta estadounidense) en una
de sus famosas tiras cómicas publicadas en su momento. “¿Y cuál es la pregunta? Le cuestiona Snoopy (su perrito mascota) con un rostro inexpresivo, inmutable e inefable.
Esta
fue la reflexión de la contraportada de la revista “Voces del Tiempo”,
en su número cuarenta y dos (42) cuando en el año 2,002 fui invitado
junto a otros jóvenes de distintas organizaciones para realizar un
análisis conjunto sobre la realidad juvenil en Guatemala; las opiniones
vertidas en ese momento fueron publicadas posteriormente en dicha
revista.
Siempre
me fascinó la reflexión a la que me refiero en el primer párrafo de
este artículo, no solamente porque puede aplicarse en un sentido
teológico, sino también por su aplicación en cada una de las esferas del
ser humano: en el campo de las
ciencias sociales, po rejemplo, o en el tema de las ideologías que
defendemos de manera ciega, sin siquiera cuestionar.
Desde
un punto de vista teológico, una Fe determinada o una creencia
religiosa NO es liberadora o auténtica como tal, por el simple hecho de
ofrecer “respuestas” sino más bien, por generar “dudas” e
“interrogantes” dentro de sus seguidores o fieles, para que ellos,
libres desde su misma naturaleza, puedan construir las respuestas a sus
inquietudes. Una vez respondidas o
bien las respuestas ofrecidas han sido pasadas por el filtro de su
insatisfacción, las creencias serán abrazadas con más razón y se
convertirán en convicciones, porque las mismas han pasado por el
contraste de la duda y de la vida misma.
El
hecho de que Snoopy le responda de una manera que no esperaba su dueño
(Charly Brown) tiene un profundo sentido filosófico, ya que es una
manera de entender y diferenciar el fanatismo a una Fe más racional,
como atinadamente menciona el Psicólogo Humanista Erich Fromm en su
libro “El arte de amar”. Fromm escribe en su obra, que
la “Fe irracional” es aquella que cree en algo sin fundamentos ni
cuestionamientos, la que realiza afirmaciones dogmáticas que ni siquiera
se entienden, pero que un tercero indica que se debe seguir, proclamar y
defender, muchas veces irrespetando las ideas diferentes o contrarias
que surjan.
La
verdadera fe, la “Fe racional”, es una experiencia de convencimiento en
algo, porque ese “algo respondió" de manera concreta y diferenciada, a
las dudas o cuestionamientos previamente planteados por el ser humano:
no es, por tanto, cierto que la razón es contraria a la fe: creo en algo, porque mi convicción está fundamenta y sostenida por la teoría y por la praxis, mejor aún si esa práctica es reflejo de la coherencia de vida que experimento en mi realidad tanto interna como social.
Necesariamente tuve que hacer esta introducción para referirme de manera análoga a lo
que en ciencias sociales se conoce como “radicalización de las
ideologías” y que en nuestro país, es evidente cada vez más la
polarización de las mismas. Por supuesto, mi querido amigo y amiga, que
no critico el derecho que cada quien tiene de posicionarse a juzgar la
realidad, atendiendo a la corriente de pensamiento que asuma, o su
derecho de disentir.
Lo
que cuestiono, es que si hemos hecho un ejercicio interno de análisis, y
preguntarme si necesariamente mis punto de vista, son tan radicalmente
opuestos al del otro. O bien, pregono premisas o criterios que no fueron
filtrados por mi derecho de cuestionar y averiguar las respuestas de
tales afirmaciones. En ocasiones valoramos más la guía incuestionable
del otro, en detrimento de mi capacidad de construir desde mi historia,
mi pensamiento crítico.
Un
ejemplo de lo anterior, lo podemos palpar cada día en los medios de
comunicación impresos, en los distintos columnistas que expresan su
punto de vista, y podemos inferir en tales personas, que subyace una
corriente filosófica o de pensamiento, que defienden de manera racional algunos y que otros creen que es una verdad absoluta su visión y no admite prueba en contrario.
Ese
antagonismo ha sido históricamente una de las mayores cadenas que
impiden el desarrollo de la sociedad guatemalteca, cuando de una manera
intolerante y rayando en el fanatismo, se abrazan ideas, ideologías,
políticas, opiniones de autores extranjeros, realidades de países con
contextos distintos al nuestro, etc.
La pasión con que los liberales extremistas critican
desde su supuesto posicionamiento en la escala piramidal injustamente
construida en base a relaciones de desigualdad e injusticia, puede ser
la misma que tienen los que pregonan la ideología de una izquierda que a su vez está dividida
por la sed de poder de algunos de sus dirigentes y la ambigüedad de su
discurso de otros, que se deteriora entre el olvido de sus fundamentos y
la incoherencia de vida de quienes simpatizan con ésta. En ese sentido,
los seguidores de Carlos Alberto Montaner, por ejemplo, jamás tendrán
puntos de encuentro con los seguidores Castristas, por las realidades
contrapuestas y antagónicas de pensamiento y visiones políticas, y
porque no existe deseo de ceder un centímetro en ambos grupos y lo que
pelean.
Lo
mismo sucede en una visión en micro de nuestro país, que ha padecido
siempre de una unidad nacional; de hecho, el divisionismo alcanza
incluso a la academia guatemalteca. Por una parte, la supuesta ideología que tiene el estudiante promedio de la Universidad Francisco Marroquín, cuando realmente entiende lo que dice defender: postulados de Luís Pazos, Friedrich Von Hayek, Montaner, Ayau, entre otros y la doctrina que pretende abrazar el estudiante de hoy de la Universidad de San Carlos:
Marx, Hegel, Severo Martínez Peláez, el sentido de consciencia social,
justicia, equidad, academia, pero que es incapaz de recordar lo que la
historia y la sangre de muchos mártires universitarios intentaron
plasmar con sus vidas.
Hoy, la discriminación, indiferencia y racismo, por un lado, y violencia, intolerancia
y mediocridad predominan en el discurso de unos y de otros. No
generalizo, claro está, sólo es una percepción de lo que usualmente cada
grupo defienden en sus discursos.
Respuestas…
¿Quién las tiene? Si fuese así, no necesitaríamos leyes, juzgados,
Universidades, libros, foros, debates, entre otras fuentes. No hay
verdades absolutas e inmutables: tales verdades no existen. Por eso, son
sanos los cuestionamientos que permitan abrir caminos, diálogos constructivos, construir puentes, derribar muros de ego, de egoísmos, de visiones limitadas y sectoriales. Construir una visión de Nación requiere necesariamente aceptar las responsabilidades de nuestros actos.
Lo
ecléctico, lo integrador, no es sinónimo de derrota, de vulnerabilidad;
al contrario, puede ser un signo de madurez y de progreso, que permita
cuestionar las ideologías que presumimos adoptar, y al igual que con la Fe,
como Snoopy podamos cuestionar. ¿Cuál es la pregunta? y no digerir de
forma arrebatada, irracional y visceral, pensamientos y doctrinas que no
parten de la riqueza insustituible de mi propia reflexión.
La
ideología impide ejercer la capacidad de conocer la verdad, obstruye la
comprensión científica y dificulta vencer la ignorancia. La ideología
es estrabismo intelectual y miopía de la inteligencia. Es prisma
deformador de toda visión sobre lo real. Grandes males han causado las
ideologías, desde que aparecieron hace tres siglos: la monarquía
absolutista, el liberalismo y los socialismos (Sergio Tapia Tapia,
Diario La Razón)

Todos los seres humanos somos "buscadores de verdad" y nuestra búsqueda radica en distintos lugares para encontrarla. Estoy de acuerdo con lo que escribe Manuel Carrera, S.J. quien asegura que la búsqueda del hombre lo realiza a partir de tres caminos complementarios:
ResponderEliminar1. La Experiencia: la cual entra en forma directa por medio de los sentidos.
2. La Aceptación de Conocimientos: los cuales recibimos de otras personas en un intercambio cultural (familia, escuela, sociedad).
3. El Raciocinio: donde el ser humano analiza los datos recibidos y elige el que más se adapta o con el que más se identifica.
Para que la persona pueda tomar Su verdad, debe tomar en cuenta que los extremos nunca pueden llegar a ser saludables. Ser demasiado radical con una idea puede llegar a generar idealizaciones y desvalorizaciones, las cuales se perciben a simple vista en nuestra sociedad. “Rechazo lo que no me gusta y acepto lo me agrada”. Se da paso entonces a las discriminaciones raciales, clases sociales (socioeconómicamente hablando) y de opinión. Las críticas ya se vuelven sinónimos de enemistad, en lugar de tomar lo constructivo de cada una de esas verdades.
El problema se encuentra en la obstinación, debido a que cada persona defiende su idea como “verdad absoluta”; sin embargo, la flexibilidad puede ayudar a mejorar la comunicación, a promover la empatía entre seres humanos y por lo tanto sería más fácil ponerse de acuerdo en algunas “verdades”.
Estoy de acuerdo contigo en que lo “integral” de cada opinión, de cada fundamento e ideología, es un signo de madurez y puede llevar al progreso de un país como el nuestro, lo que lograría en nosotros convertirnos en seres más acoplados, unidos y se incrementaría el sentido humano de cooperación.