Los
impuestos al “Pecado”
En
Guatemala, desde la ciudad capital hasta los rincones más alejados del
interior, en cada abarrotería, depósito o tienda popular, no faltan los granos
básicos o los productos que conforman la “canasta básica”. Pero existe también
una demanda similar o mayor aún de otros productos que, en su consumo
desmesurado, pueden producir serios daños a la salud del consumidor directo e
indirecto.
Si
querido lector, estoy hablando del licor y el cigarrillo. Y no solamente son los daños a la salud
física, sino además las consecuencias de tipo psicológico y social en que
desembocan estos productos cuando son parte de adicciones; se degrada la
persona, la familia y la misma sociedad, en el caso del licor.
En
el cigarrillo, los efectos del tabaco han sido comprobados innumerables de
veces. De sobra se sabe que la nicotina es el componente adictivo del
cigarrillo y que, substancias como el alquitrán, entre otras, son agentes
cancerígenos.
¿Por
qué el título del presente artículo? Es el nombre con el que se conoce a los
impuestos que gravan las externalidades negativas que producen ciertos bienes o
actividades. En otras palabras, son las cargas tributarias que gravan lo
“socialmente nocivo”. Un ejemplo de ello es el automóvil, que siendo un bien
necesario, puede causar contaminación al medio ambiente. Acá, la externalidad
negativa, es dicha contaminación. Otro ejemplo, serían los residuos sólidos y
su manejo, por actividades de la industria.
En
Estados Unidos se les conoce como “Sin Taxes” o “impuestos pigouvianos”, derivado
del nombre de la persona que los desarrolló: el economista Arthur Pigou (1877-1959).
Pero, el objeto del presente artículo, se centra en el debate que puede
alcanzar niveles de intolerancia y extremos ideológicos, al analizar la
conveniencia de gravar directamente estos productos. Por un lado, desde una
corriente “libertaria”, “liberal” o “neoliberal” para algunos, impuestos de ese
tipo es una innecesaria intromisión del Estado en asuntos netamente
particulares, en cuanto a la libertad de elección que tiene el ser humano.
Además, que aumentando en un impuesto directo al tabaco o al cigarrillo,
produciría efectos económicos contrarios a lo que se persigue, y el ya
consabido riesgo de desempleos y “recortes de personal” en las industrias que
los fabrican. Existe también el rechazo a que no necesariamente una mayor carga
tributaria equivale a una justa distribución de lo recaudado por ese rubro,
derivado a la desconfianza en la administración estatal y los cada vez más
frecuentes actos de corrupción de muchos de sus funcionarios.
Por el otro lado, un interés colectivo debe prevalecer sobre uno de tipo
sectorial, en alusión al derecho de la salud en los habitantes del país, en
contraposición a los efectos del tabaquismo (Arts. 93 al 97 de la Constitución
Política de la República de Guatemala).
Si bien es cierto que cada quien tiene el derecho a
elegir y consumir lo que le dé la gana, también es cierto que el Estado puede
gastar más en la atención de enfermedades derivadas por el alcohol y el tabaco,
que lo que percibe por impuestos de los mismos. Una desigualdad que no permite
combatir la prevención, sino atender en una forma reaccionaria, tales
enfermedades.
Y un impuesto de esta índole, necesariamente debería buscar al menos
tres objetivos: 1) Disuadir el consumo temprano de estos productos por parte de
los adolescentes, 2) Invertir en programas de salud preventiva que minimicen
los efectos nocivos del tabaquismo, por ejemplo y 3) Financiar el costo social
que implica el tratamiento a enfermedades derivadas por el tabaco y el alcohol,
relacionado a lo escrito en el párrafo anterior.
Claro está mi amigo, que aumentar un quetzal o diez quetzales por
cajetilla, o por botella de licor, no necesariamente provocará el efecto
disuasivo que se desea. Es tal el comportamiento social ante esos productos,
que pongo en tela de duda si realmente se obtendría una disminución sensible de
consumo de tabaco y alcohol.
Ojo, mi estimado lector, no ataco el derecho de cada bien de disfrutar
su cerveza o trago ya sea sólo, con
amigos o alrededor de una mesa con su familia. O que quiera usted minimizar los
efectos de su ansiedad recurrente con un cigarrillo.
Es el ABUSO de estos productos los que ocasionan los daños en la salud
física, mental y
social; es una elección personal sí, pero en el caso del
tabaquismo, los fumadores indirectos son también afectados. No digamos las
múltiples mujeres, niños, adolescentes, familias invisibles para algunos y que
sufren las consecuencias de tener a un enfermo alcohólico en sus hogares. El punto es… ¿Es justo que
otros productos de consumo diario y que sirven para la alimentación, tengan que
pagar más impuestos que el cigarrillo o el alcohol?
Mientras las industrias que fabrican estos productos, ciertamente generan
empleos y promueven la inversión, también es cierto que perciben cifras
millonarias por la venta de sus productos líder, gracias a la “libertad” de
elegir de cada habitante en nuestro país.
Por último, sabía usted que hay por lo menos dos iniciativas de ley para
aumentar los impuestos al tabaco y que se encuentran engavetadas en el Congreso
de la República y que no vieron la luz, por la oposición de la industria
tabacalera, que una forma diplomática y “técnica” advirtió a los legisladores
de las consecuencias en los trabajadores y sus empleos, si dicha ley se
aprobaba. De hecho, el ex vicepresidente Rafael Espada, siendo médico de
profesión, no fue capaz de cumplir con la promesa de impulsar la iniciativa de
ley que ofreció, precisamente para aumentar estos impuestos.
Así que, para terminar…beba y fume tranquilo, es su derecho. Pero
piense por unos minutos sobre el contenido de este artículo y las múltiples
aristas que se expanden sobre estos temas. Piense en lo que el abuso de estos
productos ocasiona en su salud, en la de su familia y en la sociedad.
Piense que mientras usted compra un “six pack” de cervezas para usted
sólo, hay un paciente en el hospital que lucha por sobrevivir de una cirrosis.
Medite, que mientras consume de una hasta tres cajetillas diarias de
cigarrillos, a la par de usted hay alguien que usted enferma, aparte de su
salud; y que en algún hospital de nuestra precaria red, no tiene los insumos y
presupuesto para el tratamiento de radioterapia o quimioterapia, mientras
alguien lucha por sobrevivir a un cáncer bucal, de esófago o pulmonar.
¿Cree usted necesario aumentar la carga tributaria directamente al
consumidor de estos productos? El debate está abierto….espero sus comentarios.
Edgar Marroquín
edgarmarro55@gmail.com


