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viernes, 24 de agosto de 2012

LOS IMPUESTOS AL "PECADO"





Los impuestos al “Pecado”

En Guatemala, desde la ciudad capital hasta los rincones más alejados del interior, en cada abarrotería, depósito o tienda popular, no faltan los granos básicos o los productos que conforman la “canasta básica”. Pero existe también una demanda similar o mayor aún de otros productos que, en su consumo desmesurado, pueden producir serios daños a la salud del consumidor directo e indirecto.

Si querido lector, estoy hablando del licor y el cigarrillo. Y no solamente son los daños a la salud física, sino además las consecuencias de tipo psicológico y social en que desembocan estos productos cuando son parte de adicciones; se degrada la persona, la familia y la misma sociedad, en el caso del licor.

En el cigarrillo, los efectos del tabaco han sido comprobados innumerables de veces. De sobra se sabe que la nicotina es el componente adictivo del cigarrillo y que, substancias como el alquitrán, entre otras, son agentes cancerígenos.

¿Por qué el título del presente artículo? Es el nombre con el que se conoce a los impuestos que gravan las externalidades negativas que producen ciertos bienes o actividades. En otras palabras, son las cargas tributarias que gravan lo “socialmente nocivo”. Un ejemplo de ello es el automóvil, que siendo un bien necesario, puede causar contaminación al medio ambiente. Acá, la externalidad negativa, es dicha contaminación. Otro ejemplo, serían los residuos sólidos y su manejo, por actividades de la industria.

En Estados Unidos se les conoce como “Sin Taxes” o “impuestos pigouvianos”, derivado del nombre de la persona que los desarrolló: el economista Arthur Pigou (1877-1959).

Pero, el objeto del presente artículo, se centra en el debate que puede alcanzar niveles de intolerancia y extremos ideológicos, al analizar la conveniencia de gravar directamente estos productos. Por un lado, desde una corriente “libertaria”, “liberal” o “neoliberal” para algunos, impuestos de ese tipo es una innecesaria intromisión del Estado en asuntos netamente particulares, en cuanto a la libertad de elección que tiene el ser humano.

Además, que aumentando en un impuesto directo al tabaco o al cigarrillo, produciría efectos económicos contrarios a lo que se persigue, y el ya consabido riesgo de desempleos y “recortes de personal” en las industrias que los fabrican. Existe también el rechazo a que no necesariamente una mayor carga tributaria equivale a una justa distribución de lo recaudado por ese rubro, derivado a la desconfianza en la administración estatal y los cada vez más frecuentes actos de corrupción de muchos de sus funcionarios.

Por el otro lado, un interés colectivo debe prevalecer sobre uno de tipo sectorial, en alusión al derecho de la salud en los habitantes del país, en contraposición a los efectos del tabaquismo (Arts. 93 al 97 de la Constitución Política de la República de Guatemala).

Si bien es cierto que cada quien tiene el derecho a elegir y consumir lo que le dé la gana, también es cierto que el Estado puede gastar más en la atención de enfermedades derivadas por el alcohol y el tabaco, que lo que percibe por impuestos de los mismos. Una desigualdad que no permite combatir la prevención, sino atender en una forma reaccionaria, tales enfermedades.

Y un impuesto de esta índole, necesariamente debería buscar al menos tres objetivos: 1) Disuadir el consumo temprano de estos productos por parte de los adolescentes, 2) Invertir en programas de salud preventiva que minimicen los efectos nocivos del tabaquismo, por ejemplo y 3) Financiar el costo social que implica el tratamiento a enfermedades derivadas por el tabaco y el alcohol, relacionado a lo escrito en el párrafo anterior.

 Claro está mi amigo, que aumentar un quetzal o diez quetzales por cajetilla, o por botella de licor, no necesariamente provocará el efecto disuasivo que se desea. Es tal el comportamiento social ante esos productos, que pongo en tela de duda si realmente se obtendría una disminución sensible de consumo de tabaco y alcohol.

Ojo, mi estimado lector, no ataco el derecho de cada bien de disfrutar su cerveza o trago ya sea sólo,  con amigos o alrededor de una mesa con su familia. O que quiera usted minimizar los efectos de su ansiedad recurrente con un cigarrillo.  

Es el ABUSO de estos productos los que ocasionan los daños en la salud física, mental y 
social; es una elección personal sí, pero en el caso del tabaquismo, los fumadores indirectos son también afectados. No digamos las múltiples mujeres, niños, adolescentes, familias invisibles para algunos y que sufren las consecuencias de tener a un enfermo alcohólico en sus hogares. El punto es… ¿Es justo que otros productos de consumo diario y que sirven para la alimentación, tengan que pagar más impuestos que el cigarrillo o el alcohol?

Mientras las industrias que fabrican estos productos, ciertamente generan empleos y promueven la inversión, también es cierto que perciben cifras millonarias por la venta de sus productos líder, gracias a la “libertad” de elegir de cada habitante en nuestro país.

Por último, sabía usted que hay por lo menos dos iniciativas de ley para aumentar los impuestos al tabaco y que se encuentran engavetadas en el Congreso de la República y que no vieron la luz, por la oposición de la industria tabacalera, que una forma diplomática y “técnica” advirtió a los legisladores de las consecuencias en los trabajadores y sus empleos, si dicha ley se aprobaba. De hecho, el ex vicepresidente Rafael Espada, siendo médico de profesión, no fue capaz de cumplir con la promesa de impulsar la iniciativa de ley que ofreció, precisamente para aumentar estos impuestos.

Así que, para terminar…beba y fume tranquilo, es su derecho. Pero piense por unos minutos sobre el contenido de este artículo y las múltiples aristas que se expanden sobre estos temas. Piense en lo que el abuso de estos productos ocasiona en su salud, en la de su familia y en la sociedad. 

Piense que mientras usted compra un “six pack” de cervezas para usted sólo, hay un paciente en el hospital que lucha por sobrevivir de una cirrosis.

Medite, que mientras consume de una hasta tres cajetillas diarias de cigarrillos, a la par de usted hay alguien que usted enferma, aparte de su salud; y que en algún hospital de nuestra precaria red, no tiene los insumos y presupuesto para el tratamiento de radioterapia o quimioterapia, mientras alguien lucha por sobrevivir a un cáncer bucal, de esófago o pulmonar.

¿Cree usted necesario aumentar la carga tributaria directamente al consumidor de estos productos? El debate está abierto….espero sus comentarios.

Edgar Marroquín
edgarmarro55@gmail.com

lunes, 13 de agosto de 2012

IDENTIDAD

IDENTIDAD

Mi casa es un lugar quizá, pequeño pero acogedor, con algunos rincones donde se acumula el polvo, con adornos viejos y fotografías antiguas, que evocan momentos felices; con paredes agrietadas por el tiempo, una jardín pequeño donde brotan muchas o quizá pocas flores, algunas con espinas… otras sin ninguna de ellas. Un lugar donde se percibe la humedad de la tierra cuando la lluvia de un invierno copioso, cae sobre ella. Una casa con una pintura que se descascara, pero que en el interior brilla una luz que ilumina a las personas que la habitan.

Así recuerdo la analogía que el Lic. Trócoli exponía, acerca de la descripción de  una casa con relación a la identidad, en el curso de Psicología Social, en las aulas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Y este término identidad, alude o refiere a elementos, costumbres, imágenes, símbolos que identifican la naturaleza o esencia de ser y hacer, de una persona o comunidad.

Así como el ejemplo de la casa, el universo personal de cada individuo es un recorrido que propone su singularidad, lo que lo hace diferente de los demás, lo que lo hace valioso y distingue del grupo, pero que lo integra al mismo.

De esa cuenta, considero que podemos ampliar ese significado de identidad, a la "historia"  que una persona o grupo guarda dentro de sí.  La misma, puede inevitablemente estar influenciada por acontecimientos externos que la condicionan, moldean o estructuran.

Pero, dentro de esa subjetividad, me asalta en la mente una pregunta recurrente: ¿Las presentes generaciones somos conscientes por descubrir o construir nuestra identidad? Y la interrogante abarca todos los ámbitos posibles, desde lo personal hasta lo social.

IDENTIDAD Y PERSONA

En una era donde los avances tecnológicos nos asombran cada vez más y las redes sociales se convierten en una herramienta vital para la comunicación, los medios de comunicación invaden de una manera que antes era muy sutil y ahora más explícita, las mentes de nuestras juventudes. Y cada vez son más los jóvenes que ya no indagan, cuestionan, o buscan sondear, la esencia de sus personalidades. Quizá lo atractivo ahora es descubrir todos esos estímulos externos que moldean y muchas veces enmudecen la voz de la inconformidad e insatisfacción, entrampando la búsqueda del "ser".

El ¿quién soy? sigue siendo una llamada para descubrir nuestra naturaleza, una invitación concreta a plantear mi realidad, mi historia, mis afrentas, mis limitaciones y eternas contradicciones, pero mis fuerzas y motivaciones que me hagan un ser humano más coherente con mis ideas y lo que hago con ellas. Ser consciente, acerca de mis luces y sombras, de mi personalidad; ésta última como elemento fundamental de la identidad en la persona.

No es solamente conocer los rasgos periféricos de mi personalidad (nombre, edad, color favorito, comida favorita, etc.) sino hacer una introspección profunda sobre los rasgos centrales de mi forma de ser (lo que me ofende, lastima, hace feliz, intimida, etc.).
No permitir, que la avalancha de lo trivial y pasajero, lo desechable y lo ambiguo, supriman el nacimiento del juicio crítico y la voluntad de buscar lo que me define, ser irreverente ante lo que me parezca injusto e impida esa búsqueda vital.

Y ese sentido de pertenencia pareciera que para algunos, se reduce a la necesidad de aceptación a grupos más o menos "heterogéneos" que se sienten atraídos hacia ciertas modas, términos, influencias anglosajonas en su mayoría. Donde el concepto "popularidad" no sea la estúpida y patética imagen de la cultura en escuelas de secundaria estadounidense y que se reproduce en muchas películas baratas y de trama ya conocida; que no sea la cantidad de "amigos" que he aceptado en una red social, ni los estereotipos acerca de la belleza física, la ropa que visto, el vehículo que manejo, ni el look que imito.

En contraparte, la identidad desde lo individual es un ejercicio constante que fortalezca la capacidad de valorar lo que "soy" frente a lo que "tengo" y de incidir de manera positiva en la personas que me rodean y que generen cambios concretos en nuestra sociedad. Un sentido de existencia y respuestas al porqué de mi presencia en el mundo.

Claro está, que desde lo social y en países como el nuestro, el término identidad, puede ser más complejo de analizar debido a la historia de los mismos y el sentido de pertenencia de sus habitantes con respecto al lugar que habitan y el espacio que ocupan en el tejido social.

IDENTIDAD DESDE LO SOCIAL

En lo social y dentro de la teoría de la personalidad, Carl Jung desarrolla dentro de sus postulados, las "máscaras sociales" que aunque necesarias para crear vínculos interpersonales, no son definitivas para totalizar la personalidad del individuo. En otras palabras, esos "papeles sociales" establecidos, no deberían definir a un ser humano tal cual; esa aparente imagen de mí mismo, es utilizada para esconder lo que en verdad me identifica. Porque la "mascara" precisamente esa es su función...ocultar lo que está detrás de la misma, quizá por miedo, por no gustar, por apariencias o incluso por imposición a través de estrategias para ocultar la verdadera realidad de un individuo, de un pueblo o una comunidad determinada.

Y quiero hacer una interpretación de los conceptos desarrollados en el párrafo anterior desde lo social, a esa máscara que, oculta los rostros de muchos niños, jóvenes y adultos que se ven invisibilizados y contenidos, son esos rostros y acá comparto lo que en su momento los obispos latinoamericanos reunidos en la 2a. Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México, representan a la niñez golpeada por la pobreza, a la juventud que no encuentra su sitio en la sociedad de hoy, los rostros de los jóvenes excluidos, personas desempleadas o subempleadas, campesinos relegados e ignorados ante la maquinaria ideológica y predominante en el país, la comunidad indígena marginada y excluida de la toma de decisiones transcendetes, etc.

Descubrir primero y estructurar después lo que me identifica desde lo social, es una tarea difícil que requiere un análisis más espeso y menos superficial de lo que me rodea. ¿Porqué complejo? por la realidad social tan diversa y desigual de nuestros países latinoamericanos y cómo perciben esa realidad sus habitantes, es muy particular. En el caso Guatemala, no es igual quien se auto define como ladino, quien lo hace como xinca, el que dice ser ladino o el que hace suyo el término guatemalteco o chapín, como una manera de integrar a toda la comunidad, con el riesgo al hacer eso, de no apreciar los elementeos propios de cada grupo.

Armar un concepto de identidad en Guatemala no es tarea sencilla, por factores como ser un país post conflicto armado, intervenciones extranjeras, pasajes oscuros en su historia, con gobiernos que suprimieron la vida en total impunidad, desigualdades económicas, racismo, pobreza, violencia y crisis educativa entre otros males.

Ante ese panorama, articular e integrar los elementos individuales y sociales que forjan mi sentido de pertenencia, identificación, valoración e identidad, es el reto que tenemos. Un análisis crítico de sí mismo, es un primer paso, ya que la identidad como individuo...o como grupo social, creo desde mi humilde punto de vista, es más que la suma de las partes.
Edgar Marroquín

edgarmarro55@gmail.com