EL OCÉANO Y EL PEZ
UNA INTERPRETACIÓN ACERCA DEL
ESTADO
Por: Edgar Marroquín
"Usted
perdone", le dijo un pez a otro,
"es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá
ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano?
He estado buscándolo por todas partes, sin resultado"
He estado buscándolo por todas partes, sin resultado"
"El Océano",
respondió el viejo pez,
"es donde estás ahora mismo".
"¿Esto? Pero si
esto no es más que agua...o que yo busco es el Océano", replicó el joven pez, totalmente decepcionado,
mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.
Cuántas veces buscamos sin cesar lo que tenemos en
nuestras narices...y no somos conscientes de ello...
Sólo falta detenerse en el camino, respirar, abrir
los ojos y observar detenidamente....imposible no verlo. ¿No creen? [i]
Siempre
me gustó la anterior historia que, en su forma más simple y sencilla de
interpretar, era una analogía de la búsqueda a veces inútil de lo obvio, de lo
que tenemos enfrente y que no nos damos cuenta: Dios, el amor, el prójimo…etc.
Sin
embargo, quisiera hacer una deconstrucción de tal historia y compararla con el
concepto de “Nación” que dicho sea de paso, fue puesto en la mesa de discusión
en Analistas Independientes de
Guatemala, por Luís Mack, en una serie de entregas entre varios autores.
Y
mientras la “búsqueda infructuosa” del joven pez en la historia es cuestionada
por el viejo pez, en este momento propongo otra interpretación de dicho cuento.
Esa búsqueda del joven pez, es quizá la búsqueda de muchos y muchas personas,
en su mayoría jóvenes que insatisfechos con el status quo predominante, intentan construir un nuevo concepto de
Nación (océano); más humano, más incluyente, más coherente, menos corrupto,
menos violento.
Y
sí, para muchos “viejos peces” el concepto de Nación está bien, es funcional,
es un sistema que puede tener la capacidad de crear distractores, productos, medios
de consumo masivo e interpretaciones de la historia que tienen la habilidad de
alienar a la gran parte de la población, en detrimento de una gran mayoría, que
ansían vivir en esa Nación que puede ser sinónimo de bienestar para todos y
todas.
Para
esos viejos peces, la idea de unidad nacional es como bien comenta Luís Mack,
en su más reciente aporte en Analistas Independientes, la “homologación” de lo diverso[ii].
Por ello, es tan válida la búsqueda e insatisfacción de “nuevos peces” que
intentan que la unidad no sea basada en la inclusión a lo que históricamente
fue construido sobre bases y criterios de injusticia y discriminación.
Ese
océano amplio que representa la Nación, es la zona de confort para muchos
viejos peces que intentan descalificar las nuevas propuestas o inquietudes de
quienes intentan romper los paradigmas de su formación.
Por
eso, es tan difícil sentirse parte de esa Nación, porque como también cita Luís
Mack en su segunda entrega sobre Nación, definiendo al Estado Nación: “… colectividad
que reúne a todos los que comparten el mismo pasado y una visión común de su
futuro.” (Ariel Français, Proyecto MOST,
2000. Consultado el 22 de octubre del 2012); precisamente ese “pasado” y la interpretación del mismo, sigue
siendo un escollo tan difícil de superar en nuestro país, por la radicalización
de muchos y la ferviente oposición de otros al cambio.
De tal cuenta, aventurarse a seguir nadando y
buscar ese océano soñado, un nuevo concepto de Nación que sea asimilado por el
Estado y experimentado por su población, seguirá siendo un reto entendible porque
ese océano deber ser como una cobija que arrope a todas las personas, pero que
en la confección de dicha cobija, necesariamente hayan participado los
destinatarios de tal prenda.
Así pues, y con todo el respeto al genio de Anthony
de Mello, quisiera proponer un final alterno a la historia presentada al inicio
del presente documento, que sirva como reflexión a las presentes generaciones
sobre la búsqueda, no necesariamente utópica, de la conformación de un
Estado-Nación en el cuál todos las personas puedan sentirse parte de éste, pero
respetadas en su diversidad, con profundo sentido de pertenencia y un afán de
construir un futuro para todos y todas.
“…Quizá tiene razón el joven pez” – pensó el Viejo Pez – “tal vez eso que nosotros nos acostumbramos
a llamar “océano” no es tal cosa para estas generaciones de peces”
“Sigue buscando pequeño pez” – suspiró el Viejo
Pez mientras contemplaba en profunda reflexión al joven pez mientras partía
nuevamente en su búsqueda – “Quizá es el momento de buscar contigo el
Océano que tanto anhelas encontrar y sentirnos parte de éste”
Espero que ninguna red,
arpón o arma trunque el camino de todos esos peces que buscamos incansablemente,
construir y vivir en un océano donde todas las especies se puedan sentir parte
del mismo. Y si llegare a suceder….siempre habrá otro pez inconforme.

