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viernes, 3 de mayo de 2013

Infancia y Realidad







INFANCIA Y REALIDAD


Por: Edgar Marroquín


Estas anécdotas, llenas de humor, que están destinadas a encender en vuestros ojitos una lucecita de alegría, brillante y fugaz, como esas chispitas que se escapan alguna vez del fuego, danzan un momento en el aire y se apagan después” (“El libro de oro de los niños, tomo 6, pág.12)


Cuando el reloj marcaba las 5 ó 6 de la tarde…escuchaba con susto y tristeza, cómo el portón de la casa se abría, los pasos torpes de alguien que arrastraba su caminar, profería insultos a viva voz en la calle, la mirada apacible y cariñosa que conocía, se había transformado de repente, en una mirada salvaje y amenazante.

Un silencio en la casa, ruidos que me hacían sobresaltar, de nuevo silencios, voces fuertes....las luces se apagaban en la sala y mi mamá, mis hermanos y yo, corríamos a los cuartos, para esperar que terminara la agonía de ver con un nudo en nuestra garganta… a mi papá “tomado”. El alcohol había transformado a mi “héroe” en un ser extraño y violento. La historia se repitió todos los días por muchos y muchos años después.

En mi lucha por comprender aquello, recuerdo que de niño buscaba una manera de lidiar con esa tristeza: jugaba haciendo oídos sordos a los insultos y gritos del ambiente…y jugaba con más fuerza, encerrado en el cuarto; pero también los libros fueron mis amigos y confidentes, mudos cómplices de mi dolor y fuente de lecturas de temas que me transportaban a un mundo de fantasía, que paradójicamente me ayudaban a afrontar la realidad. De esta manera, leía sobre el juego, fábulas,  leyendas, mitología, teatro, poesía, novelas y anécdotas infantiles.

Y fueron precisamente esas anécdotas infantiles que me llenaban de luz en medio de las sombras, las que me enseñaron a reír cuando por dentro lloraba, recuerdo con especial cariño la colección “El libro de oro de los niños” donde aprendí que las ocurrencias infantiles eran un bálsamo que calmaban mis heridas.

Curiosamente, fue mi papá quien nos inundó de libros de este tipo, ya que él sigue siendo un amante de la lectura, especialmente de la literatura clásica y contemporánea europea y recientemente, ávido lector de exponentes latinoamericanos. Aún lo amo, amo a mi “héroe” de cabello blanco, lento caminar, pero con un corazón grande e intelecto insuperable.

Traté de vivir una infancia feliz y reconozco que a pesar de su enfermedad, mi papá y también mi “heroína” mamá se esmeraron en llenarnos de abundantes recuerdos alegres y significativos. Compartí con mis amigos de primaria, momentos mágicos de amistad y fantasía. Ser niños y no querer crecer. Aventurarse a amar y creer en un futuro mejor.

Pero la realidad hoy en día, pareciese ser otra para miles y miles de niños y niñas que ven con rostros de dolor y sufrimiento, que son víctimas de la intolerancia, del odio y de la violencia, en su mayoría, provenientes de su propio hogar. No hay libros infantiles que calmen su agonía y nuestra niñez corre desesperada a esconderse o a desahogar sus tristezas en redes sociales, computadoras, televisores. Pero también en los ambientes precarios del interior, en chozas de láminas y pisos de tierra; en medio de la hambruna y el olvido estatal y social. Lloran de tristeza y de rabia, porque no comprenden como su papá, su tío o su hermano abusan sexualmente de la hija, la hermanita o la sobrina.

Nuestros niñ@s quizá desconozcan que el Observatorio en Salud Reproductiva (OSAR) y Plan Internacional informan que sólo en el primer semestre el año 2012 se registraron 16 mil 339 partos entre adolescentes comprendidos de 10 a 19 años. De ellos, 1 mil 101 ocurrieron entre niñas de 10 a 14 años. Muchos de ellos, claro está, derivados de abusos sexuales que quedan en la impunidad.

Hoy, mientras atiendo a un grupo de niños de sexto grado primaria, en un momento de reflexión en su “retiro”, escucho cómo se desahogan y relatan sus anécdotas infantiles, pero también esa “realidad” que les golpea.  Veo que ocho manitas se levantan cuando pregunto si en su hogar está presente la enfermedad del alcoholismo. 

Sus rostros se entristecen y se llenan de lágrimas cuando hablan y cuentan con dolor desgarrador, cómo no entienden la separación de sus padres, las ofensas, los golpes o insultos que encuentran en sus hogares. Y los entiendo tan bien…tan perfectamente bien, que me resulta inevitable de repente, recordar alguna imagen de mi infancia y adolescencia.

Escucho con atención cómo Sofía (nombre ficticio) comparte que no conocía a su papá y que cuando lo conoció a los 11 años de edad, lo encontró “borracho” y su ilusión se transformó en pesadilla. Relata que además su madre la abandonó y a sus dos hermanitos para vivir con otra persona, dejándolos al cuidado de su abuelita. Se pone triste al contar que perdió 6 clases este bimestre. Como si no tuviera ya suficiente dolor, admiro su fuerza para además intentar estudiar y superarse. La escucho al final: “Confío en que Dios me ayudará a salir adelante”.

¿Qué futuro estamos dejando a nuestros niños? Es la pregunta obligada, y en un sentido más personal ¿Qué hago yo o qué haces tú? quien lees éste artículo, por cambiar esa realidad dolorosa, en una infancia más integral, llena de salud, de paz, de juego, de estudio, de amistad, que se superpongan a la discriminación y racismo, el hambre, la violencia en todas sus formas, entre otros lastres que arrastre nuestra niñez.

Ojalá las risas no cesen, el juego no pare, y esas anécdotas infantiles no terminen, porque serán el símbolo de que nuestros niños y niñas aún puedan en la realidad, crear mundos de fantasía y sueños, ajenos a la miseria e injusticia que crea el mundo “maduro y adulto”. Pero sobre todo, que esta realidad la podamos cambiar.




Dice Laurita:
 -Oye mamá, yo quisiera otra muñeca. – ¡Pero si ya tienes una!
- Eso no importa, quiero otra… ¡Una nueva!
-¡Pero si la que tienes está completamente nueva!
¡Ah, estos “peros” de mamá exasperan a la niña!
- Es cierto, mamá. Sin embargo, yo también estoy nueva y tú acabas de comprarte otro bebé. (“El libro de oro de los niños, tomo 3, pág.15)

viernes, 15 de febrero de 2013

Control de Armas en Estados Unidos





ESTADOS UNIDOS:
ENTRE MASACRES Y CONTROL DE ARMAS DE FUEGO

Por: Edgar Marroquín


Cada vez que nuestro vecino país del norte es sacudido por una noticia trágica referente a masacres perpetuadas en centros educativos, una ola de acusaciones, opiniones, posturas, surgen para manifestar su repudio sobre tales actos.

Pero paradójicamente, algunos sostienen que las causas de tales hechos se deben únicamente a la disfuncionalidad de la familia y trastornos mentales en los autores materiales de las matanzas, tal y como lo sugiere desde Guatemala Alfred Kalstchmitt en su columna de opinión publicada en Prensa Libre, el veintiuno de diciembre del año pasado, titulada “Siempre por las ramas”.

Con el respeto que merece el señor Kalstchmitt, a quien no tengo el gusto de conocer pero respeto mucho su punto de vista en algunos temas de actualidad, no así en otros donde difiero radicalmente de su postura, pero creo que hacer una análisis tan simple sobre la disfuncionalidad de la familia como causa de los hechos a los que me refiero en el título del presente artículo, es una respuesta muy vaga que no dejaría satisfecha, a cada una de las familias que hoy lloran la ausencia de sus hijos.

Las masacres de Virginia Tech (33 fallecidos y 29 heridos. Año 2007), la secundaria de Columbine (15 fallecidos y 24 personas heridas. Año 1999) y la Escuela Primaria de Sandy Hook, en Connecticut (28 personas fallecidas. Año 2012) son las más recientes en la historia de Estados Unidos, siendo la última (Sandy Hook, Connecticut) la que impactó por la muerte de 20 niños.

Como respuesta a ello, se generó un acalorado debate sobre los responsables directos e indirectos de la masacre en Sandy Hook, pero me  impresionan las posturas que se vierten en torno a este tema. Por ejemplo, el suplemento del New York Times, publicado en Prensa Libre, el día domingo tres de febrero del presente año, recoge un artículo elaborado por Mike McIntire  y titulado: “Apuntan a los más pequeños” . En dicho artículo, el autor menciona que en Estados Unidos existe una creciente campaña por “armar” a niños y adolescentes y motivarlos a practicar el tiro como un deporte o pasatiempo.

La Asociación Nacional del Rifle (fundada en 1,871), cuyo fin primordial es la defensa del derecho a poseer armas para la defensa personal y tiro deportivo, ha manifestado su rechazo a que se le señale como causante indirecto de las masacres, acusando a su vez a los juegos de video con contenido “violento” que los niños compran en los almacenes y supermercados.

Olvidan, los integrantes de la ANR, que en esos mismos supermercados y almacenes de Estados Unidos, es común poder comprar armamento, cual si fuese acá en nuestro país, comprar productos de “Primera necesidad”. Pero, ya regresaré a ese punto del armamento, más adelante.

Acá en Guatemala, el señor Alfred Kalstchmitt, en su ya referida columna argumenta que es en el seno de la familia donde se forjan las civilizaciones y que la disfuncionalidad de la familia genera mentes enfermas, como las de Adam Lanza, autor de la última masacre en cuestión.

También cree que no se deben criar a los hijos por televisión y celular, entre otros argumentos de índole afectivo y psicológico al seno de las familias. Hasta acá estoy de acuerdo.

Sin embargo, haciendo un análisis más general y viendo más allá del hogar, existe un país al cual se le admira su sistema de justicia y oportunidades de crecimiento económico, pero cuya política exterior muchas veces termina en intervenciones militares justas o no, que quitan la vida de miles de personas, que promueve la división de las sociedades y condena cual Juez supremo, a países que no comparten su visión de poder.

No es irse por las ramas, señor Kalstchmitt, denunciar por ejemplo, cuando el Instituto de Paz de (Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI) menciona en su informe gastos y venta de armas del año 2007, que Estados Unidos impuso en ese año, un récord de gasto en armamento, equivalente a 580 mil millones de dólares anuales. Lamentablemente, ayudar a erradicar el hambre en el mundo, no es desde el punto de vista del gobierno de Estados Unidos, un buen negocio.

No es irse por las ramas cuando tal y como cita Mike McIntire en el artículo referido en la página anterior, que por ejemplo la página Junior Shooters presenta un artículo de una niña de 15 años con un rifle semiautomático, alabando las “bondades” de dicha arma y estimulando a los más jóvenes a que se lo comenten a sus padres. El artículo cita: …” ¿Quién sabe? ¡Tal vez encuentres un Bushmaster AR-15 en tu árbol una mañana helada de Navidad!”

No es irse por las ramas además y, regresando al punto de las armas, pero ese mismo rifle automático por ejemplo (Bushmaster AR-15) fue el arma que utilizó Adam Lanza para asesinar a las veintisiete personas (incluyendo su madre) y quitarse la vida después, en Connecticut. La madre, una tiradora y fanática de las armas, como los más de 4 millones de afiliados a la Asociación Nacional del Rifle.

Cuando ingresé a la página de Junior Shooters, constaté que la información sobre tiro deportivo está mezclada de manera ingeniosa, con las imágenes de niños con armas semiautomáticas y automáticas, con municiones en su cintura….todo un culto a las armas de fuego.

¿Los juegos o las películas son las culpables? Depende como se quiera analizar. Si bien es cierto, mucha de la basura cinematográfica que nos llega de Hollywood (salvo excepciones) se proyecta en otros países como Canadá, y en donde también los jóvenes se divierten con juegos de video de contenido violento… ¿Porqué Canadá es uno de los países con índices más bajos en asesinatos? ¿Porqué en algunos lugares de la sociedad canadiense, los habitantes dejan sin llave las puertas de sus casas por la noche? Será porque no tienen un gobierno que promueve la violencia en las relaciones internacionales con los demás países.

Ésta crítica, la realiza “nuevamente” Michael Moore, en su documental “Bowling of Columbine” y al que invito al lector a que lo adquiera en DVD. En dicho material, el autor presenta una muy interesante investigación sobre la masacre de Columbine y de cómo el gobierno de Estados Unidos no es ajeno a dicho suceso, cuando se toma en cuenta la forma de accionar  y doble moral de quienes detentan el poder político en el poderoso país del norte. Por un lado lloran las masacres de sus niños y adolescentes, pero por el otro, alegan “errores tácticos” cuando masacran a gente inocente en Irak u otro país  “en conflicto”



¿Acaso la realidad externa no influye en el comportamiento y la dinámica familiar? Si bien es cierto que la responsabilidad de los padres es innegable, también es cierto que la familia no es una unidad aislada de la sociedad a la que está integrada.

Por último, no es irse por las ramas, cuando el propio presidente Barack Obama declaró el día de la masacre de Sandy Hook, con lágrimas en los ojos,  que: “Vamos a tener que unirnos y tomar medidas significativas para evitar más tragedias como ésta, independientemente de la política”, dejando la puerta abierta para revisar el control de armas de fuego en su país. Pero paradójicamente, el presidente es captado en una fotografía de agosto del año pasado, uno meses antes de la tragedia, disparando un arma de fuego como “recreación”. Menuda contradicción.

Veamos que piensa el Congreso de Estados Unidos sobre las sugerencias que prohíban la adquisición de armas automáticas de asalto, entre algunas de las medidas. Esto seguramente chocará con todas aquellas personas y ciudadanos estadounidenses que proclaman un “patriotismo” que más suena a “chauvinismo” y que defenderán a ultranza, su “derecho individual” de poseer armas de fuego y que está contenido en la Segunda Enmienda a la Constitución de Estados Unidos y que está reconocido en la Carta de Derechos que data desde 1791, pero que al tenor de su lectura, puedo comprobar que sus antecedentes nada tienen que ver con el presente de quienes insisten en comprar y disparar de forma compulsiva e irracional muchas veces, armas de fuego.

Alfred Kalstchmitt, cita al final de su artículo: “…Pero claro, es más fácil prohibir los AK47. Pero, realmente, al final del día, lo que hace falta es relación con Dios.”  Pienso que el prohibir los AK47 no es una solución “fácil” al problema, sino que desnuda todo un sistema de gobierno que favorece la violencia, que la consiente, gasta en ella y la promueve de miles de formas distintas.

Esto inevitablemente es asimilado por una sociedad estadounidense que tiene a su Ejército como símbolo de orgullo y así lo manifiestan en espectáculos de farándula, deportivos, cinematográficos y políticos, que sumado a los estereotipos sociales que maneja la cultura anglosajona, si influyen y aportan lo suyo en la disfuncionalidad familiar, que genera ahora sí, personas con trastornos mentales serios y con complejos de “Rambo” y culto hacia las armas de fuego.

NOTA FINAL: “Un niño de 9 años mató a su prima, de 8, mientras jugaban en el patio de una vivienda en la aldea Las Aradas, en Zapotitlán, Jutiapa. El niño hizo cuatro disparos y uno de estos le impactó en la frente a la víctima. El arma la encontraron en uno de los dormitorios de la vivienda de la familia, y los padres del menor no se dieron cuenta hasta que la tragedia estuvo consumada debido a que los niños, junto a otra menor, siempre jugaban en ese lugar tras salir de la escuela. (Prensa Libre, 28 de enero del 2,013).


Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “Amaos... amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: “ARMAOS LOS UNOS CONTRA LOS OTROS” (Discurso de Mario Moreno “Cantinflas” en la película “Su Excelencia”, México, 1967)




 
ESTADOS UNIDOS:
ENTRE MASACRES Y CONTROL DE ARMAS DE FUEGO

Por: Edgar Marroquín


Cada vez que nuestro vecino país del norte es sacudido por una noticia trágica referente a masacres perpetuadas en centros educativos, una ola de acusaciones, opiniones, posturas, surgen para manifestar su repudio sobre tales actos.

Pero paradójicamente, algunos sostienen que las causas de tales hechos se deben únicamente a la disfuncionalidad de la familia y trastornos mentales en los autores materiales de las matanzas, tal y como lo sugiere desde Guatemala Alfred Kalstchmitt en su columna de opinión publicada en Prensa Libre, el veintiuno de diciembre del año pasado, titulada “Siempre por las ramas”.

Con el respeto que merece el señor Kalstchmitt, a quien no tengo el gusto de conocer pero respeto mucho su punto de vista en algunos temas de actualidad, no así en otros donde difiero radicalmente de su postura, pero creo que hacer una análisis tan simple sobre la disfuncionalidad de la familia como causa de los hechos a los que me refiero en el título del presente artículo, es una respuesta muy vaga que no dejaría satisfecha, a cada una de las familias que hoy lloran la ausencia de sus hijos.

Las masacres de Virginia Tech (33 fallecidos y 29 heridos. Año 2007), la secundaria de Columbine (15 fallecidos y 24 personas heridas. Año 1999) y la Escuela Primaria de Sandy Hook, en Connecticut (28 personas fallecidas. Año 2012) son las más recientes en la historia de Estados Unidos, siendo la última (Sandy Hook, Connecticut) la que impactó por la muerte de 20 niños.

Como respuesta a ello, se generó un acalorado debate sobre los responsables directos e indirectos de la masacre en Sandy Hook, pero me  impresionan las posturas que se vierten en torno a este tema. Por ejemplo, el suplemento del New York Times, publicado en Prensa Libre, el día domingo tres de febrero del presente año, recoge un artículo elaborado por Mike McIntire  y titulado: “Apuntan a los más pequeños” . En dicho artículo, el autor menciona que en Estados Unidos existe una creciente campaña por “armar” a niños y adolescentes y motivarlos a practicar el tiro como un deporte o pasatiempo.

La Asociación Nacional del Rifle (fundada en 1,871), cuyo fin primordial es la defensa del derecho a poseer armas para la defensa personal y tiro deportivo, ha manifestado su rechazo a que se le señale como causante indirecto de las masacres, acusando a su vez a los juegos de video con contenido “violento” que los niños compran en los almacenes y supermercados.

Olvidan, los integrantes de la ANR, que en esos mismos supermercados y almacenes de Estados Unidos, es común poder comprar armamento, cual si fuese acá en nuestro país, comprar productos de “Primera necesidad”. Pero, ya regresaré a ese punto del armamento, más adelante.

Acá en Guatemala, el señor Alfred Kalstchmitt, en su ya referida columna argumenta que es en el seno de la familia donde se forjan las civilizaciones y que la disfuncionalidad de la familia genera mentes enfermas, como las de Adam Lanza, autor de la última masacre en cuestión.

También cree que no se deben criar a los hijos por televisión y celular, entre otros argumentos de índole afectivo y psicológico al seno de las familias. Hasta acá estoy de acuerdo.

Sin embargo, haciendo un análisis más general y viendo más allá del hogar, existe un país al cual se le admira su sistema de justicia y oportunidades de crecimiento económico, pero cuya política exterior muchas veces termina en intervenciones militares justas o no, que quitan la vida de miles de personas, que promueve la división de las sociedades y condena cual Juez supremo, a países que no comparten su visión de poder.

No es irse por las ramas, señor Kalstchmitt, denunciar por ejemplo, cuando el Instituto de Paz de (Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI) menciona en su informe gastos y venta de armas del año 2007, que Estados Unidos impuso en ese año, un récord de gasto en armamento, equivalente a 580 mil millones de dólares anuales. Lamentablemente, ayudar a erradicar el hambre en el mundo, no es desde el punto de vista del gobierno de Estados Unidos, un buen negocio.

No es irse por las ramas cuando tal y como cita Mike McIntire en el artículo referido en la página anterior, que por ejemplo la página Junior Shooters presenta un artículo de una niña de 15 años con un rifle semiautomático, alabando las “bondades” de dicha arma y estimulando a los más jóvenes a que se lo comenten a sus padres. El artículo cita: …” ¿Quién sabe? ¡Tal vez encuentres un Bushmaster AR-15 en tu árbol una mañana helada de Navidad!”

No es irse por las ramas además y, regresando al punto de las armas, pero ese mismo rifle automático por ejemplo (Bushmaster AR-15) fue el arma que utilizó Adam Lanza para asesinar a las veintisiete personas (incluyendo su madre) y quitarse la vida después, en Connecticut. La madre, una tiradora y fanática de las armas, como los más de 4 millones de afiliados a la Asociación Nacional del Rifle.

Cuando ingresé a la página de Junior Shooters, constaté que la información sobre tiro deportivo está mezclada de manera ingeniosa, con las imágenes de niños con armas semiautomáticas y automáticas, con municiones en su cintura….todo un culto a las armas de fuego.

¿Los juegos o las películas son las culpables? Depende como se quiera analizar. Si bien es cierto, mucha de la basura cinematográfica que nos llega de Hollywood (salvo excepciones) se proyecta en otros países como Canadá, y en donde también los jóvenes se divierten con juegos de video de contenido violento… ¿Porqué Canadá es uno de los países con índices más bajos en asesinatos? ¿Porqué en algunos lugares de la sociedad canadiense, los habitantes dejan sin llave las puertas de sus casas por la noche? Será porque no tienen un gobierno que promueve la violencia en las relaciones internacionales con los demás países.

Ésta crítica, la realiza “nuevamente” Michael Moore, en su documental “Bowling of Columbine” y al que invito al lector a que lo adquiera en DVD. En dicho material, el autor presenta una muy interesante investigación sobre la masacre de Columbine y de cómo el gobierno de Estados Unidos no es ajeno a dicho suceso, cuando se toma en cuenta la forma de accionar  y doble moral de quienes detentan el poder político en el poderoso país del norte. Por un lado lloran las masacres de sus niños y adolescentes, pero por el otro, alegan “errores tácticos” cuando masacran a gente inocente en Irak u otro país  “en conflicto”

 
¿Acaso la realidad externa no influye en el comportamiento y la dinámica familiar? Si bien es cierto que la responsabilidad de los padres es innegable, también es cierto que la familia no es una unidad aislada de la sociedad a la que está integrada.

Por último, no es irse por las ramas, cuando el propio presidente Barack Obama declaró el día de la masacre de Sandy Hook, con lágrimas en los ojos,  que: “Vamos a tener que unirnos y tomar medidas significativas para evitar más tragedias como ésta, independientemente de la política”, dejando la puerta abierta para revisar el control de armas de fuego en su país. Pero paradójicamente, el presidente es captado en una fotografía de agosto del año pasado, uno meses antes de la tragedia, disparando un arma de fuego como “recreación”. Menuda contradicción.

Veamos que piensa el Congreso de Estados Unidos sobre las sugerencias que prohíban la adquisición de armas automáticas de asalto, entre algunas de las medidas. Esto seguramente chocará con todas aquellas personas y ciudadanos estadounidenses que proclaman un “patriotismo” que más suena a “chauvinismo” y que defenderán a ultranza, su “derecho individual” de poseer armas de fuego y que está contenido en la Segunda Enmienda a la Constitución de Estados Unidos y que está reconocido en la Carta de Derechos que data desde 1791, pero que al tenor de su lectura, puedo comprobar que sus antecedentes nada tienen que ver con el presente de quienes insisten en comprar y disparar de forma compulsiva e irracional muchas veces, armas de fuego.

Alfred Kalstchmitt, cita al final de su artículo: “…Pero claro, es más fácil prohibir los AK47. Pero, realmente, al final del día, lo que hace falta es relación con Dios.”  Pienso que el prohibir los AK47 no es una solución “fácil” al problema, sino que desnuda todo un sistema de gobierno que favorece la violencia, que la consiente, gasta en ella y la promueve de miles de formas distintas.

Esto inevitablemente es asimilado por una sociedad estadounidense que tiene a su Ejército como símbolo de orgullo y así lo manifiestan en espectáculos de farándula, deportivos, cinematográficos y políticos, que sumado a los estereotipos sociales que maneja la cultura anglosajona, si influyen y aportan lo suyo en la disfuncionalidad familiar, que genera ahora sí, personas con trastornos mentales serios y con complejos de “Rambo” y culto hacia las armas de fuego.

NOTA FINAL: “Un niño de 9 años mató a su prima, de 8, mientras jugaban en el patio de una vivienda en la aldea Las Aradas, en Zapotitlán, Jutiapa. El niño hizo cuatro disparos y uno de estos le impactó en la frente a la víctima. El arma la encontraron en uno de los dormitorios de la vivienda de la familia, y los padres del menor no se dieron cuenta hasta que la tragedia estuvo consumada debido a que los niños, junto a otra menor, siempre jugaban en ese lugar tras salir de la escuela. (Prensa Libre, 28 de enero del 2,013).


Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras que hace dos mil años dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones: “Amaos... amaos los unos a los otros”, pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: “ARMAOS LOS UNOS CONTRA LOS OTROS” (Discurso de Mario Moreno “Cantinflas” en la película “Su Excelencia”, México, 1967)