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lunes, 13 de agosto de 2012

IDENTIDAD

IDENTIDAD

Mi casa es un lugar quizá, pequeño pero acogedor, con algunos rincones donde se acumula el polvo, con adornos viejos y fotografías antiguas, que evocan momentos felices; con paredes agrietadas por el tiempo, una jardín pequeño donde brotan muchas o quizá pocas flores, algunas con espinas… otras sin ninguna de ellas. Un lugar donde se percibe la humedad de la tierra cuando la lluvia de un invierno copioso, cae sobre ella. Una casa con una pintura que se descascara, pero que en el interior brilla una luz que ilumina a las personas que la habitan.

Así recuerdo la analogía que el Lic. Trócoli exponía, acerca de la descripción de  una casa con relación a la identidad, en el curso de Psicología Social, en las aulas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Y este término identidad, alude o refiere a elementos, costumbres, imágenes, símbolos que identifican la naturaleza o esencia de ser y hacer, de una persona o comunidad.

Así como el ejemplo de la casa, el universo personal de cada individuo es un recorrido que propone su singularidad, lo que lo hace diferente de los demás, lo que lo hace valioso y distingue del grupo, pero que lo integra al mismo.

De esa cuenta, considero que podemos ampliar ese significado de identidad, a la "historia"  que una persona o grupo guarda dentro de sí.  La misma, puede inevitablemente estar influenciada por acontecimientos externos que la condicionan, moldean o estructuran.

Pero, dentro de esa subjetividad, me asalta en la mente una pregunta recurrente: ¿Las presentes generaciones somos conscientes por descubrir o construir nuestra identidad? Y la interrogante abarca todos los ámbitos posibles, desde lo personal hasta lo social.

IDENTIDAD Y PERSONA

En una era donde los avances tecnológicos nos asombran cada vez más y las redes sociales se convierten en una herramienta vital para la comunicación, los medios de comunicación invaden de una manera que antes era muy sutil y ahora más explícita, las mentes de nuestras juventudes. Y cada vez son más los jóvenes que ya no indagan, cuestionan, o buscan sondear, la esencia de sus personalidades. Quizá lo atractivo ahora es descubrir todos esos estímulos externos que moldean y muchas veces enmudecen la voz de la inconformidad e insatisfacción, entrampando la búsqueda del "ser".

El ¿quién soy? sigue siendo una llamada para descubrir nuestra naturaleza, una invitación concreta a plantear mi realidad, mi historia, mis afrentas, mis limitaciones y eternas contradicciones, pero mis fuerzas y motivaciones que me hagan un ser humano más coherente con mis ideas y lo que hago con ellas. Ser consciente, acerca de mis luces y sombras, de mi personalidad; ésta última como elemento fundamental de la identidad en la persona.

No es solamente conocer los rasgos periféricos de mi personalidad (nombre, edad, color favorito, comida favorita, etc.) sino hacer una introspección profunda sobre los rasgos centrales de mi forma de ser (lo que me ofende, lastima, hace feliz, intimida, etc.).
No permitir, que la avalancha de lo trivial y pasajero, lo desechable y lo ambiguo, supriman el nacimiento del juicio crítico y la voluntad de buscar lo que me define, ser irreverente ante lo que me parezca injusto e impida esa búsqueda vital.

Y ese sentido de pertenencia pareciera que para algunos, se reduce a la necesidad de aceptación a grupos más o menos "heterogéneos" que se sienten atraídos hacia ciertas modas, términos, influencias anglosajonas en su mayoría. Donde el concepto "popularidad" no sea la estúpida y patética imagen de la cultura en escuelas de secundaria estadounidense y que se reproduce en muchas películas baratas y de trama ya conocida; que no sea la cantidad de "amigos" que he aceptado en una red social, ni los estereotipos acerca de la belleza física, la ropa que visto, el vehículo que manejo, ni el look que imito.

En contraparte, la identidad desde lo individual es un ejercicio constante que fortalezca la capacidad de valorar lo que "soy" frente a lo que "tengo" y de incidir de manera positiva en la personas que me rodean y que generen cambios concretos en nuestra sociedad. Un sentido de existencia y respuestas al porqué de mi presencia en el mundo.

Claro está, que desde lo social y en países como el nuestro, el término identidad, puede ser más complejo de analizar debido a la historia de los mismos y el sentido de pertenencia de sus habitantes con respecto al lugar que habitan y el espacio que ocupan en el tejido social.

IDENTIDAD DESDE LO SOCIAL

En lo social y dentro de la teoría de la personalidad, Carl Jung desarrolla dentro de sus postulados, las "máscaras sociales" que aunque necesarias para crear vínculos interpersonales, no son definitivas para totalizar la personalidad del individuo. En otras palabras, esos "papeles sociales" establecidos, no deberían definir a un ser humano tal cual; esa aparente imagen de mí mismo, es utilizada para esconder lo que en verdad me identifica. Porque la "mascara" precisamente esa es su función...ocultar lo que está detrás de la misma, quizá por miedo, por no gustar, por apariencias o incluso por imposición a través de estrategias para ocultar la verdadera realidad de un individuo, de un pueblo o una comunidad determinada.

Y quiero hacer una interpretación de los conceptos desarrollados en el párrafo anterior desde lo social, a esa máscara que, oculta los rostros de muchos niños, jóvenes y adultos que se ven invisibilizados y contenidos, son esos rostros y acá comparto lo que en su momento los obispos latinoamericanos reunidos en la 2a. Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México, representan a la niñez golpeada por la pobreza, a la juventud que no encuentra su sitio en la sociedad de hoy, los rostros de los jóvenes excluidos, personas desempleadas o subempleadas, campesinos relegados e ignorados ante la maquinaria ideológica y predominante en el país, la comunidad indígena marginada y excluida de la toma de decisiones transcendetes, etc.

Descubrir primero y estructurar después lo que me identifica desde lo social, es una tarea difícil que requiere un análisis más espeso y menos superficial de lo que me rodea. ¿Porqué complejo? por la realidad social tan diversa y desigual de nuestros países latinoamericanos y cómo perciben esa realidad sus habitantes, es muy particular. En el caso Guatemala, no es igual quien se auto define como ladino, quien lo hace como xinca, el que dice ser ladino o el que hace suyo el término guatemalteco o chapín, como una manera de integrar a toda la comunidad, con el riesgo al hacer eso, de no apreciar los elementeos propios de cada grupo.

Armar un concepto de identidad en Guatemala no es tarea sencilla, por factores como ser un país post conflicto armado, intervenciones extranjeras, pasajes oscuros en su historia, con gobiernos que suprimieron la vida en total impunidad, desigualdades económicas, racismo, pobreza, violencia y crisis educativa entre otros males.

Ante ese panorama, articular e integrar los elementos individuales y sociales que forjan mi sentido de pertenencia, identificación, valoración e identidad, es el reto que tenemos. Un análisis crítico de sí mismo, es un primer paso, ya que la identidad como individuo...o como grupo social, creo desde mi humilde punto de vista, es más que la suma de las partes.
Edgar Marroquín

edgarmarro55@gmail.com


3 comentarios:

  1. Compañero poeta, es interesante tu propuesta sobre la identidad. Sin embargo, creo que es necesario hacer una distinción entre identidad individual o personal e identidad grupal, de pueblo o nación. Si bien es cierto, la identidad individual o personal está afectada por la identidad de mi comunidad, pueblo o grupo, es claro entoces que mi identidad personal con rasgos comunes y no comunes a las demás personas de mi grupo, también va a incidir reforzando, cuestionando, negando o aportando a la identidad social. Este tema de la identidad está sumamente ligado a la cuestión de la cultura.

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  2. Al hablar de la personalidad en el ser humano, es importante observar los factores genéticos, así como también los ambientales y las experiencias obtenidas que se escriben en la historia de cada uno. Sin embargo, al analizar este último factor, se puede mencionar los “patrones de crianza” como un indicador clave para descubrir el tipo de identidad de una persona.

    Si cada individuo no se identifica consigo mismo, con sus raíces, con su cultura y prefiere seguir otro tipo de instrucción (por ejemplo la anglosajona, como se menciona en este blog), podríamos indagar si se debe a ciertos “mecanismos de defensa” como lo describe la Teoría Psicoanalítica, en donde la persona puede lidiar con exigencias de la realidad, pero cuando la ansiedad llega, esta persona debe defenderse incluso de sí mismo y bloquea sus propios sentimientos, deseos, impulsos, con el objetivo de buscar ser más aceptable a sí mismo y también para los demás.

    Si bien es cierto que la personalidad puede describirse como un patrón de sentimientos y pensamientos ligados al comportamiento, entonces es importante darse cuenta que a una carencia de identidad, existe la necesidad manifiesta de aprobación, tanto de sí mismo, como de una sociedad. Si una persona llega a decir algo como esto: “no está bien ser quien soy, prefiero vivir la vida de alguien más”, entonces el enfoque y la raíz de esta situación inicia en el vínculo familiar. La pregunta es: ¿Cómo se le puede dar solución a una realidad como esta? Es una circunstancia preocupante que desde ya afecta y puede afectar a las futuras generaciones.

    Lo que debe buscarse es reforzar los valores familiares. Tan sencillo como tener un momento para comunicarse. Puede ser buscar un tiempo de comida (la cena por ejemplo) donde estén todos los miembros de la familia y puedan conversar de lo que hicieron durante el día. Que los hijos puedan ver que lo que sus padres hacen es importante y que puedan sentir que lo que ellos viven también vale. Que pueda ser reforzada la seguridad en sí mismos y la autoestima en casa. Que pueda transmitirse un mensaje de amor y aceptación en la familia.

    Si por alguna razón, algunas familias han perdido esto, tener en cuenta que hay solución y pueden iniciar nuevamente con un proceso.

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  3. siendo ya un joven adulto, me doy cuenta que creciendo en un hogar "integrado" o no, la apreciación de las riquezas (no económicas) familiares no son valorados en todas sus dimensiones, los pequeños gestos, las pequeñas costumbres de afecto que se tiene de los hijos a los padres, muchas veces se escurren como agua... de niño lo único que se tiene es afecto para dar, nada más que ofrecer que la esencia de la persona; en contra parte reacciones airadas de cállate, andate de aca, o miradas fulminantes sobre el ser "inferior" (no solo niños)se rompe el encanto de lo único que se puede dar. Menciono esto porque cuando no se valora lo que se es, ni lo poco que se tiene (a cualquier edad) habrán muy pocos con los pies en la tierra haciendo su propia historia basados en su esencia y no en la incansable búsqueda de modelos, que no sólo adolecentes y jóvenes persiguen, para muestra miles de botones adultos que ya no desean saber quienes son, creyendo que con la edad viene la madurez y sabiduría, que por la edad se deja de reflexionar porque "la formación es solo para jóvenes", que muchas veces tienen más miedo de descubirse a si mismos y aceptar su realidad que un adolecente con los pies en la tierra.... no justifico al joven desde ningún punto de vista, pero como adultos también tenemos el deber de mantener una identidad...

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